Desafíos del profesional del mañana

Los jefes que uno más recuerda, con cariño, admiración, y respeto, raramente son los que más sabían sobre un tema específico o los que mejor dominaban un conocimiento técnico.

Esos jefes que marcan y hacen historia, normalmente son:

  • los que logran formar equipos de trabajo cohesionados
  • los que consiguen sacar lo mejor de cada uno
  • los que logran alinear las necesidades de la empresa con los intereses de sus colaboradores
  • los que priorizan sabia y oportunamente
  • los que se atreven a tomar decisiones correctas aunque sean impopulares
  • los que optimizan sus tiempos entendiendo que siempre quedarán cosas por hacer
  • los que tienen ideas creativas para resolver problemas inesperados

En fin, son personas que impactan positivamente, por virtudes y cualidades que poco tienen que ver con lo que se aprende en el colegio o en la universidad.

Hace no muchos años, las familias eran núcleos más numerosos que ahora. La presencia de tías, abuelas, primos y sobrinos, todos de distintas edades, estilos y personalidades, permitía que distintas cualidades se desarrollaran de manera más o menos espontánea en cada persona, con niveles de profundidad distintos, pero con cierta transversalidad. Esta convivencia “en masa” por llamarlo de alguna forma, les daba a todos aunque sea una mínima pincelada de distintas competencias.

Pasaron los años y estos núcleos familiares se fueron haciendo cada vez más reducidos. La familia estándar pasó a ser papá, mamá y un hijo/a, como mucho dos. Los momentos en que se reúne la familia ampliada se han reducido a cumpleaños, bodas, o navidades, no favoreciendo así las importantes enseñanzas cotidianas que pueden generar.

Al trabajar ambos padres fuera de casa (lo que ocurre en la mayoría de hogares del mundo moderno), los niños pasan a ser educados principalmente por instituciones externas, que se centran en su mayoría en la excelencia académica, sin incorporar de manera sistemática, la enseñanza de habilidades relacionales y funcionales, que son las que finalmente marcan la diferencia en una persona.

La mayoría de los padres reconocen las falencias del sistema de educación tradicional. Por ello, el niño/a promedio tiene diversas actividades extracurriculares, además del colegio. Clases de idiomas, de danza, de canto, de pintura, de piano, de fútbol, en fin, hasta escuela de circo, forman parte del abanico de opciones con que los niños de hoy llenan sus tardes.

El rol de los “coach” por su parte, ha tomado vuelo en los últimos años. Esto porque profesionales con excelente formación se sienten desadaptados en el mundo laboral en el que se encuentran. Tienen el conocimiento y la experiencia, pero no encajan en la cultura laboral actual. Muchos deben hacer una inversión personal no menor para aprender de adultos, las habilidades blandas que no desarrollaron oportunamente, y que hoy son una limitante para crecer profesionalmente, y muchas veces incluso personalmente.

Por eso es de enorme importancia comenzar a trabajar las “Soft Skills” o habilidades blandas en edades tempranas.

En UpSoftskills ofrecemos un espacio para lograrlo. Buscamos que los niños y niñas puedan aprender las habilidades que les permitan transitar por los distintos ámbitos de la vida, con una mirada más amplia y una actitud más positiva y, por qué no, convertirse en ese/a líder, que será recordado, querido y admirado por todos con quienes colabore.

Educación en Soft Skills ¡cuanto antes mejor!

Todos tenemos un amigo, que empezó a correr de mayor, y pasado los 40, participó en su primera maratón; o conocemos a alguien que a los 60 se puso a pintar, y hoy es un artista renombrado; o sabemos la historia de una persona que luego que sus hijos se titularon de la universidad, estudió Derecho, y en pocos años llegó a ser juez. Sí, historias como ésas, hay. Pero convengamos que son las menos, porque entre que la plasticidad del cerebro es mucho mayor cuando somos niños, y el tiempo disponible para aprender cualquier cosa es mucho mayor también, tendremos que estar de acuerdo en que es mucho fácil aprender cualquier actividad o desarrollar cualquier habilidad, cuando somos pequeños.

Esto es muy evidente en la práctica de un deporte, la adopción de un idioma, la disciplina de un instrumento, o hasta en la incorporación de hábitos cotidianos, tales como lavarse los dientes antes de dormir o dejar la cama hecha cada mañana. Si estas actividades no se aprenden de niño, nos serán mucho más difíciles de adquirir de mayores, tomarán más tiempo siempre, y resultarán un poco ajenas y se hará cuesta arriba hacerlas propias.

¿Qué sucede entonces con las Soft Skills o habilidades blandas? ¿Qué hay de esas competencias que en pocos años serán lo único que nos distinga de las máquinas? ¿Cómo miramos esas virtudes que para algunos fluyen como el río al mar, y que a otros nos ha costado aprenderlas a golpe y porrazo?

Si miro hacia atrás, ¡cuánto más fácil habría sido saber organizar debidamente mi tiempo desde niña! Me hubiera ahorrado muchísimas noches de desvelo en la etapa universitaria. Pero claro, se espera que uno llegue a la adolescencia sabiendo manejar una agenda, cuando pocos años antes, no tenía noción de lo que era el concepto de tiempo. Cuántas malas decisiones me habría evitado en la vida si desde pequeña hubiera entendido que las emociones nublan la razón, y no permiten ver con nitidez el objetivo final que uno buscar lograr. Cuántas angustias me habría ahorrado, si hubiera sabido que los errores no son fracasos en cuanto tales, sino que son lecciones que debíamos aprender, para poder avanzar con paso más firme a la siguiente etapa (si la lección hubiera estado aprendida, no habría cometido el error: entonces fue escuela ¡no fallo!). Cuanto menos entrampada me habría sentido en situaciones complejas, si desde pequeña hubiera desarrollado un enfoque creativo y una mirada innovadora. Cuánto más fácil me habría sido salir de situaciones pantanosas, si no le hubiera tenido miedo a ser creativa. Cuántos debates habrían terminado en consensos en lugar de llantos. Si hubiera tenido una sólida inteligencia emocional, hubiera podido expresar mis ideas dejando fuera las emociones y hubiera podido entender el argumento del otro, sin sentir agresión en discrepar. We can agree to disagree (“podemos estar de acuerdo en estar en desacuerdo”) y vivir en paz.

Si a ti, igual que a mí, te tocó dar la vuelta larga, aprendiendo sobre la marcha para llegar a la adultez profunda con un manejo relativo de las mismas, probablemente estarás de acuerdo conmigo en que para las futuras generaciones sería un enorme avance poder incorporar el manejo de habilidades blandas cuanto antes. Se puede empezar desde el mismo momento en que los niños y niñas son capaces de entender los conceptos que hay detrás.

Los padres nos hemos preocupado por años en que nuestros niños y niñas consigan las habilidades académicas necesarias para enfrentar el mundo laboral. En UpSoftSkills estamos convencidos que esas competencias solo se pueden aprovechar si se tiene una base sólida de Soft Skills. En un mundo en cambio permanente, con la información casi al alcance de cualquier persona, un mundo que exige más que nunca una gran capacidad de adaptarse, de negociar, de identificar información relevante, de buscar soluciones creativas, y de relacionarse positivamente con las demás personas, sólo las Soft Skills marcarán la diferencia.